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El Rincón Literario

El lobo que no podía aullar

Cuenta una leyenda que los lobos le aúllan a la Luna para expresarles su amor. Aquel con el aullido más fuerte, será digno del amor de la Luna. Se dice también que la luna era un miembro más de la manada. Y estos otilan en señal de tristeza, implorando que esta vuelva.

En una manada de lobos, habitaba uno que no podía aullar. Este no lograba expresar amor ni tristeza. Pero, aun así, la luna lo iluminaba, como esperando que por ella aullara. Cada noche cuando salía, brillante y majestuosa, toda la manada recitaba su amor, excepto este lobo que no podía. Entonces, decidió ir a una gran montaña para poder encontrar su inspiración.

Después de escalar la gran montaña, cansado hasta no poder más, el lobo esperó la gran noche. Justo cuando la luna realizaría su entrada. Aun sabiendo que no lo escucharía, el lobo intentó un gran aullido. Esperaba que brillara con fuerza y oyera su grito de cariño.

Esa noche de luna llena, el brillo se hizo más intenso. En la punta de la montaña se reflejó ese gran centelleo. Se escuchó un gran estruendo, luego un gran aullido, era del lobo que a la luna había llegado su mimo. Luego de escucharse, el lobo de la ladera saltó y con la luna se desapareció.

El lobo que no podía aullar
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