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El Rincón Literario

El caballero presumido

Hace ya cientos de años un caballero llamado Chin vivía en la China. Era consciente de que era muy guapo, y se pasaba el día mirándose en el espejo.

  • ¡Qué suerte tengo! Tengo una cara perfecta, un cuerpo musculoso y unas piernas esveltas. ¡La naturaleza ha sido generosa conmigo!

Su elegancia era famosa en todo el reino, pero pronto empezaron a correr los rumores sobre la aparición de otro hombre que podía hacerle la competencia en cuanto a belleza. Era un tal Lin, que vivía en otra ciudad más al sur.

Un día, una de las sirvientas llamo a Chin:

  • Señor, le recuerdo que dentro de una hora tiene una cita con un importante hombre de negocios.

Chin se lavó, se vistió con sus mejores galas y se miró al espejo durante un buen rato, como siempre. Mientras lo hacía, le preguntó a su esposa:

  • Querida esposa, me han hablado de un tal Lin y sé que lo conoces. Dime, ¿quién es el más guapo de los dos?

Su mujer le contestó:

  • Tu, querido. Lin es guapo, pero está muy lejos de tu perfección.

A Chin le gustó la respuesta, pero decidió pedir una segunda opinión, así que bajó a su despacho y se cruzó con el ama de llaves, a quién preguntó lo mismo.

  • Buenos días, ama de llaves. Se que tu también conoces a Lin, así que dime: ¿quién es el más guapo de los dos?

La respuesta fue contundente:

  • ¡No tenga ninguna duda señor! ¡Usted es mucho más atractivo que él!

Un rato después llegó el invitado, y Chin recibió al hombre de negocios con una sonrisa. Lo invitó a sentarse en una butaca.

  • Si no le importa me gustaría hacerle una pregunta, antes de nada. Sé que usted vive al sur del país como el señor Lin, y me han comentado que son amigos de la infancia.
  • Así es.
  • Entonces, ¿quién cree usted que es más guapo de los dos?
  • ¡No se preocupe por eso! ¡Usted es mucho más guapo, no hay comparación!
  • Muchas gracias, me deja usted más tranquilo. Ahora ya puede contarme qué le trae por aquí.

Pasaron unos días y la casualidad hizo que Lin visitara la ciudad. La noticia corrió como el viento, Chin se enteró y rápidamente se lo contó a su mujer.

  • Querida, el señor Lin estará unos días en la ciudad y me encantaría conocerlo. ¡Lo he invitado hoy a comer!
  • ¡Menuda buena noticia! ¡Voy a avisar al servicio para que todo esté perfecto!
  • ¡Perfecto! Voy arriba a arreglarme un poco, tengo que pensar muy bien qué voy a ponerme… ¡Por fin voy a comprobar con mis ojos quién es más guapo de los dos!

Cuando llegó la hora, el matrimonio salió a recibir a Lin. ¡En el momento en el que Chin lo vio se quedó de piedra!

Lin era guapísimo, era perfecto. Tenía los dientes blancos y impolutos, unos ojos azules como el mar y su piel parecía más suave que la seda. Una exquisitez en todos los sentidos lo envolvía.

Chin se sintió en la miseria. ¡Era evidente que Lin era mucho más guapo y seductor que él!

Aquella noche la decepción no le dejó dormir. Lo peor para él no fue comprobar que no era tan guapo como Lin, sino algo mucho más importante en lo que no había reparado nunca.

  • Mi mujer me dijo que yo era más guapo que Lin porque me quiere y quiere gustarme. El ama de llaves me dijo lo mismo porque no quiere que la despida de su trabajo. El hombre de negocios lo mismo porque me necesitaba para ganar dinero…

Chin suspiró…

  • ¡Qué difícil es saber con certeza lo que piensan los demás de ti!
El caballero presumido
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