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El Rincón Literario

El reino de caramelo

En un lugar muy lejano, existía un reino muy hermoso y totalmente hecho de caramelo. Todo estaba hecho de dulce: ríos de chocolate, casas de galleta, arboles de sabores y hasta las nubes estaban hechas de algodón de azúcar. Era un reino perfecto, pero había un problema: solo podía consumir los dulces la egoísta princesa. La gente del reino tenía prohibido comer los dulces.

  • “¡Todos los dulces del reino son míos! ¡Solo míos!”, gritaba la princesa mientras se reía.

La gente del pueblo, muy molesta con la forma de ser de la princesa, contactó al príncipe del reino más cercano para que acudiera y pidiera la mano de la princesa en matrimonio. Pese a su egoísmo, la princesa era muy hermosa. Sin dudar, el príncipe accedió y fue de inmediato al reino de caramelo.

El príncipe llegó al reino y acudió directamente al castillo a conocer a la princesa. Al cruzar sus miradas, fue un flechazo de amor verdadero. El príncipe cayó hipnotizado ante la belleza y encanto de la princesa, y esta fue embelesada por la caballerosidad de su apuesto invitado.

Recorrieron el reino los dos juntos en un carruaje. El príncipe al ver lo infelices que eran los aldeanos, conversó con la princesa al respecto:

  • “Querida mía, ¿por qué no dejas que tu pueblo coma los dulces del reino?”, fue su pregunta.
  • “Porque son mis dulces”, respondió. “Son sólo para mí”.
  • “¿Pero no te das cuenta de lo tristes que están?”, replicó el príncipe. “No creo poder estar con alguien que sea tan egoísta”, fue su sentencia.

La princesa, al contemplar que su nuevo amado pudiera irse de su lado, dejó su egoísmo y permitió a los aldeanos comer los dulces del reino. Y así el pueblo vivió feliz y vieron a su princesa enamorada para siempre.

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