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El Rincón Literario

El poder de la mente

En 1981, un equipo de científicos altamente cualificado llevó a cabo un experimento clasificado en una instalación secreta. Los científicos habían teorizado que un humano sin acceso a ningún sentido o forma de percibir estímulos podría percibir la presencia de Dios. Creían que los cinco sentidos nublaban nuestra conciencia de la eternidad, y sin ellos, un humano podría establecer contacto con Dios mediante el pensamiento. Un anciano que afirmó no tener “ningún motivo para vivir” fue el único sujeto de prueba voluntario. Para purgarlo de todos sus sentidos, los científicos realizaron una operación compleja en la que cada conexión nerviosa sensorial del cerebro se cortó quirúrgicamente. Aunque el sujeto de la prueba retuvo la función muscular completa, no podía ver, oír, saborear, oler o sentir. Sin una forma posible de comunicarse o incluso sentir el mundo exterior, estaba solo con sus pensamientos.

Los científicos lo monitorearon mientras hablaba en voz alta sobre su estado de ánimo en frases confusas que ni siquiera él mismo podía escuchar. Después de cuatro días, el hombre afirmó haber escuchado voces silenciosas e ininteligibles en su cabeza. Suponiendo que era un inicio de la psicosis, los científicos prestaron poca atención a las preocupaciones del hombre.

Dos días después, el hombre gritó que podía escuchar a su esposa muerta hablando con él, y aún más, que podía comunicarse de nuevo. Los científicos estaban intrigados, pero no estaban convencidos hasta que el sujeto comenzó a nombrar parientes muertos de los científicos. Repitió información personal a los científicos que solo sus cónyuges y padres muertos podrían haber sabido. En este punto, una buena parte de los científicos abandonó el estudio.

Después de una semana de conversación con su difunta esposa a través de sus pensamientos, el sujeto se angustió y dijo que las voces eran abrumadoras. En cada momento de vigilia, su conciencia fue bombardeada por cientos de voces que se negaron a dejarlo solo. Se arrojó varias veces contra la pared, tratando de provocar una respuesta al dolor. Le rogó a los científicos que le administraran sedantes, para que pudiera escapar de las voces durmiendo. Esta táctica funcionó durante tres días, hasta que comenzó a tener severos terrores nocturnos. El sujeto repetidamente dijo que podía ver y escuchar a la difunta en sus sueños.

Un día después, el sujeto comenzó a gritar y arañar sus ojos no funcionales, con la esperanza de sentir algo en el mundo físico. El sujeto histérico dijo que las voces de los muertos eran ensordecedoras y hostiles, hablando del infierno y el fin del mundo. En un momento, gritó “No, cielo, perdóname” durante cinco horas seguidas. Continuamente suplicaba que lo mataran, pero los científicos estaban convencidos de que estaba cerca de establecer contacto con Dios.

Después de otro día, el sujeto ya no podía formar oraciones coherentes. Aparentemente loco, comenzó a morder trozos de carne de su brazo. Los científicos se lo llevaron a la cámara de pruebas y lo sujetaron a una mesa para que no pudiera suicidarse. Después de unas pocas horas de estar atado, el sujeto detuvo su lucha y gritos. Miró fijamente al techo mientras las lágrimas le cruzaban silenciosamente la cara. Durante dos semanas, el sujeto tuvo que ser rehidratado manualmente debido al llanto constante. Al final, volvió la cabeza y, a pesar de su ceguera, hizo contacto visual con un científico por primera vez en el estudio. Susurró “He hablado con Dios, y él nos ha abandonado” y sus signos vitales se detuvieron. No hubo una causa clara de la muerte.

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