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El Rincón Literario

La cabeza

Una cabeza humana en medio de la calle causo sorpresa esa mañana. Nadie había oído nada, ni nadie había visto nada. En realidad el periodo entre las 12 de la madrugada y 8 de la mañana había quedado en blanco para todos. Muchas personas habían llegado antes a esa hora pero no recordaban nada en lo absoluto. Mucha gente se había aglomerado en torno a la cabeza para tratar de descubrir quién era la propietaria o más horrible aun, el motivo porque no estaba sobre un cuerpo. El carnicero, hombre entrado en años, ateo y con un genio de los mil demonios tomo la cabeza y dijo:

– “La cabeza fue cercenada limpiamente, ni siquiera se nota el corte. No hay marcas de cuchillo ni nada”-

Y era verdad no había ni siquiera una gota de sangre cerca de la herida. El bibliotecario arrebató la cabeza de las manos al carnicero, hecho que fue interpretado de mala educación por todos y mayor aun por parte del carnicero, que retrocedió hundiéndose en la gente, quedándose al final.

– “Qué raro, nunca había visto la cara de este tipo”- exclamó el bibliotecario que se jactaba de conocer a todas las personas que vivían en el pueblo.

La muchedumbre comentaba sobre la cabeza encontrada produciendo un ruido molesto parecido al de las moscas cuando saben que van a morir y quieren escapar.

“- Silencio”- dijo una persona, la cual no se divisaba por la enorme sombra que proyectaba una casa de dos pisos.

-“Antes de preguntarse de quien es esa cabeza, deberían saber dónde está el cuerpo”- dijo una voz enérgica y profunda que parecía emanar del mismo infierno.

-“Papa, papa, ese hombre no tiene su cabeza”- Dijo con sorpresa un niño que huía de terror por la calle, siendo pulverizado por una extraña fuerza. La persona que hablaba no tenía cabeza y a sus espaldas, las nubes y las sombras se habían juntado transformando el paisaje en una bruma desoladora y densa.

“- Perdónanos”- grito una anciana de rodillas, dejando en la interrogante a la mayoría de los habitantes del pueblo. – ¿Que nos perdone de qué?- murmuraban los habitantes más jóvenes del pueblo, mientras el viento les hacía difícil escucharse y caminar.

-“Perdónanos maestro, has cuidado el pueblo, manteniéndolo en las sombras para que nadie nos encuentre, dándonos eternidad”-

Esa era la verdad, muchos eran niños, otros ancianos pero no recordaban cuando habían nacido. Estaban en la nada, viviendo tranquilamente, sin comer, sin beber agua y sin saber cuál era su propósito. La cabeza les había abierto los ojos. Ya podían ver y se dieron cuenta de que el propósito de su existencia era horrible. Su finalidad estaba a medias realizada pero algo había ocurrido en esa madrugada sin recuerdos. Lo vieron claramente como una luz en la oscuridad. Las personas más ancianas habían hecho un pacto hace millones de años para proteger a la madre de satanás. El pueblo había sido creado con ese fin. Pero esa madrugada, muchas personas disconformes, habían asesinado y violado a la madre del diablo. Esto había encolerizado a satanás, comenzando finalmente el apocalipsis.

No había manera de volver atrás. El daño estaba hecho. Las llamas consumieron al pueblo, mientras sus cuerpos danzaban de dolor por el fuego que los devoraba. La masacre había terminado. El diablo se sentó solo. Aburrido en una roca humeante. Escupió despectivamente y aborreció al ser humano. Se elevó y desapareció entre las nubes. Entonces apareció Dios, que amaba al ser humano y comenzó la creación.

Ricardo Fierro Sanhueza – Chile

La cabeza
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